viernes, 31 de enero de 2014


Creen que gracias a Medina el país no está padeciendo mayores presiones por  la sentencia del TC

Por Humberto Olivieras

 Muchos analistas públicos del país coinciden en señalar que si en lugar de Danilo Medina fuera Leonel Fernández el actual presidente del país, las presiones  y la abominación a que estuviera sometida la República Dominicana fueran mucho más fuertes y extendidas a nivel internacional.
Antes de que se cubrieran veinticuatro horas después del dictamen del Tribunal Constitucional del pasado 25 de septiembre, que despoja de la nacionalidad dominicana a los hijos de haitianos nacidos en el territorio nacional desde el 1929, Medina proclamó que el mandato jurídico había que tratarlo con respeto de la dignidad humano de los afectos. Sin embargo, el expresidente Leonel Fernández, dentro de esas mismas veinticuatrohoras expresó su total apoyo a la sentencia, cosa que posteriormente ha repetido con firmeza.


Luego Medina ha recibido en su despacho del Palacio Nacional a delegaciones de las Naciones Unidos de segundo nivel, con integrantes mayoritariamente mujeres, con quienes ha cordializado abiertamente. Gesto inconcebible con Leonel Fernández.
Con el transcurrir de los meses Medina ha dictado una serie de amplias normas para que los dominicanos de ascendencia haitiana pudieran regularizar su estatus, y por ultimo ha determinado dos medidas de mucha trascendencia: primero, prohibición de deportaciones masivas de los vecinos que se encuentren en el país de manera ilegal y, segundo, el otorgamiento de visas de diferentes categorías para aquellos que quieran ingresar a este país, ya como trabajadores temporales, de simple visita o en busca de su residencia permanente.

Todas esas disposiciones son inéditas; en toda la historia entre ambos países nunca se habían oficializado con la transparencia y especificaciones de ahora tales disposiciones; y quiérase o no, si no vienen a sabotear de manera my política la apabullante sentencia de marras del Tribunal Constitucional, constituyen una fórmula de sacarle la alfombra de debajo de los pies al retrógrado edicto.

Una muestra fehaciente de la actitud humanitaria y de flexibilidad de Medina al respeto, es que el cardenal López Rodríguez,  quien apoya con fervor el fallo constitucional,  tronara recientemente pidiéndole al gobierno una posición más firme sobre el veredicto.
Y precisamente de esa postura extremista del cardenal, de quien dijera el famoso novelista Mario Vargas Llosa que pertenecía a la prehistoria, se colige cuál hubiera sido el proceder de Leonel Fernández de haber sido presidente del país al momento de la sentencia 168-13, ya que el exmandatario es una persona que obedece al pensamiento del prelado y del ideólogo Vinicio Castillo Rodríguez (Vincho), quienes enarbolan una doctrina ultranacionalista y abiertamente racista contra todo lo que tiene que ver con Haití.

En ese tenor Leonel Fernández hubiera mantenido una política de apego radical a la sentencia, negando o restringiendo las posibilidades de normalización legal de los dominicanos descendientes de haitianos (hijos, nietos, biznietos, etc.), y además procediendo a deportaciones masivas de todo caminante de piel oscura, hasta que no demostrara lo contrario.     
Ante un cuadro como ese la reacción de la comunidad internacional hubiera quintuplicado las presiones, acusaciones y abominaciones contra el país, con sus consecuencias calamitosas políticas, económicas  y cultural.

Es fácil adivinar tal panorama de graves nubarrones si tomamos en cuenta de que a pesar de la postura de Danilo,  en la recién finalizada reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) celebrada en Cuba, el dominicano tuvo que batirse a fondo para defender al país de las serias acusaciones de racismo y discriminación en su territorio. ¡Y sin embargo, el jacho sigue ardiendo!   

viernes, 10 de enero de 2014


 Danilo se mofa de Leonel y de Hipólito

 Por Humberto Olivieras


Danilo MedinaQuizás no haya otro calificativo más apropiado que el de ese título para comparar con propiedad la gestión gubernamental que lleva a cabo el presidente Danilo Medina, con los estilos y las políticas gubernamentales de Hipólito Mejía y de Leonel Fernández.
La imagen proyectada por Hipólito Meja mientras era presidente de la República, fue la de un gobernante *de pueblo* por el estilo sencillo y hasta populachero con que actuaba.

Esa conducta se matizaba con su vestimenta informal, la que frecuentemente era de chacabana, contrastando con sus predecesores inmediatos, Joaquín Balaguer y Leonel Fernández, quienes vestían de traje y corbata aun en visitas al campo.
Asimismo Hipólito subrayaba su imagen folklórica con ocurrencias pueblerinas y con chistes y anécdotas en sus reuniones con representantes de distintos sectores de la sociedad, así como especialmente con la prensa. Incluso en ese tipo de conducta campechana, llegó a incurrir en vulgaridades que mientras eran celebradas por las masas, recibían críticas acerbas por los otros estratos de la sociedad.  

Pero de ahí no pasaba el agrónomo, de puras informalidades y chusquerías. No se recuerda que acometiera planes esenciales y trascendentales para el desarrollo de la nación, o sea  un  accionar político inédito, una línea auténticamente original por sus significados económicos y social. ¡Es más, hacedores de opinión publica amigos suyos llegaron a criticarle que regularmente quisiera llevar a consenso  planes  gubernamentales que beneficiaban a la mayoría civil, pero que podían afectar  al empresariado y a la clase alta del país.    
Posiblemente entre las  acometidas de mayor importancia en su gestión fue cuando enfrentó con coraje y decisión los escandalosos fraudes en los bancos Baninter, el Nacional de Crédito, la Asociación Popular de Ahorros y Créditos y el Panamericano.

En ese sentido hay que reconocerle el gran mérito de haber encarcelado y enjuiciado a figuras sacrosantas de las finanzas dominicanas, incluyendo a amigos personales suyos.
Sin embargo esa loable acción se equipara a otra muy negativa, cuando gestionó que el Congreso modificara la Constitución para que le permitiera lanzarse a la reelección, cosa que en efecto hizo en el 2004, perdiendo de Leonel Fernández del Partido de la Liberación Dominicana.

   En cuanto a Leonel, hay que echar de ver que durante sus dos últimos períodos de gobierno, del 2004 al 2012, levantó notables obras de infraestructuras, como fueron carreteras, puentes y túneles urbanos. También  el metro de Santo Domingo. Sin embargo, la salud y la educación públicas quedaron sumamente  rezagadas, a tal nivel que para la primera se negó a invertir el 4% del presupuesto nacional que la Ley estipula.
Además de eso durante sus dos últimos gobiernos consecutivos la inseguridad ciudadana llegó a un grado de espanto general;  el tráfico y consumo de drogas rondó un estado más que escandaloso, en el cual se vieron (y supuestamente están)  comprometidos funcionarios civiles y altos oficiales de la Policía y las Fuerzas Armadas; y lo peor aún, durante la gestión comentada la corrupción en la cúpula de la Administración Pública indujo incluso a que la Embajada de los EE.UU mostrara su alarma en informes secretos al Departamento de Estado del país del Norte, los cuales fueron divulgados por Wikileaks.

A todo esto durante su incumbencia Leonel Fernández adoptó una postura de príncipe del Oriente, haciéndose rodear de un ambiente fastuoso, de mucha etiqueta y protocolo y hasta si se quiere de glamur. Muy inusualmente vistió sin saco y corbata en un país tropical con una temperatura promedio de 90 grados F.
Cuando excepcionalmente “bajaba a darse un baño de pueblo” en algún barrio, las calles del encuentro eran previamente pavimentadas, las casas pintadas y en el sitio instaladas fastuosas carpas blancas. Todo ello bajo el aparataje de tropas policiales y militares en las aceras y techos adyacentes, lo que proyectaba un ambiente peliculero. 

Al lugar visitado en cuestión iba acompañado por decenas de funcionarios, quienes se desplazaban en imponentes jeepetas negras (vehículos todoterreno de altos cilindrajes). Asimismo se le atribuye que viajó tanto al extranjero como al interior de de la República. En el exterior iba a codearse –en compañía de una numerosa comitiva- de primeros ministros, presidentes y reyes. Frecuentes salidas que incluyeron al rey de Jordania, Abdalá II bin al-Hussein; al jeque de Dubai, Maktum bin Rashid al-Maktun, al Primer Ministro de Israel Benjamín Netanyahu y a otros mandatarios de la esfera mundial. De los resultados de tales costosos desplazamientos nunca se ha sabido nada en provecho alguno para el país, salvo los obtenidos en fondos y acuerdos educativos y culturales con la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode), entidad fabulosa del ex mandatario.
En cambio el proceder de Danilo Medina contrasta fuertemente con los estilos en esencia y forma de los de Hipólito Mejía y de Leonel Fernández.

En la forma porque el actual mandatario mantiene frecuentes contactos con sectores del país de todos los estratos, muy especialmente con los del ámbito de producción agrícola, agroindustrial, ganadera, industrial, manufactura, artesanal, etc., así como con las comunidades socialmente marginadas.
Y en esas ya habituales interacciones Danilo anda despojado de las pompas  protocolares de su predecesor (incluyendo la silla presidencial que cargaba Leonel  para todas partes); viste regularmente de guayabera o simplemente de camisa; se abraza con gente humilde, ¡y además! ofrece soluciones inmediata a los problemas económicos que le presentan, esto a través de préstamos con intereses bajos y un tiempo de gracia. Y en cuanto a comunidades pobres en situación de emergencia dispone su mejoramiento sin ambages vía gubernamental.

En estos tipos de tramitaciones, Hipólito cacareaba mucho más de lo que en esencia hacía,  y en cuanto a Leonel Fernández, sencillo, simplemente se mantenía ajeno  a ese tipo de gestión gubernamental; les dejaba la tarea a sus subalternos, quienes, como es conocido, actuaban de conformidad con los intereses sociales como personales en su beneficio. (¿Institucionalidad Vs presidencialismo? En un país como el nuestro de vida pública atropellada juzguemos por los resultados.
Empero entre otros hechos trascendentales de Medina está en primer lugar que dispusiera la erogación del 4% del presupuesto nacional para la educación, disposición a la cual se había negado  Fernández hasta con sorna. Medida esa que venía reclamando con fervor el pueblo ante la situación calamitosa de ese renglón, tanto por la carencia de plantas físicas para docencia, como para el logro de una mayor calidad de la enseñanza. (Calidad que mantiene a la RD entre los últimos lugares de la región).

Incluso desde la campaña electoral el presidente prometió que se extendería la tanda escolar por todo el día, de manera que el estudiantado tuviera más tiempo para prepararse, como para evitar que niños y adolescentes anduvieran vagando por las calles con el riesgo de ser víctimas o parte de la delincuencia. Es un plan que, entre muchas otras cosas como queda entendido, implica cuantiosos recursos para el desayuno y almuerzo de los educandos, y también, como se entenderá, una gran fuente de trabajo para miles de personas.   
Otro hito en la gerencia del presidente Medina es que dispusiera la revisión y en consecuencia la modificación del oneroso contrato del Estado con la empresa minera canadiense Barrick Gold, cosa a la fecha ya lograda y por la cual el país ahora recibe una suma considerable de millones de dólares.

Como es sabido el convenio anterior que lesionaba vergonzosamente a la nación en materia financiera, había sido aprobado por el Congreso y la Administración de Leonel Fernández.     
Otro hecho importante de Danilo, es que haya exigido también la revisión de los contratos por los cuales se les cedió injustificadamente  a particulares los terrenos del Estado de Bahía de las Águilas en el sur del país. Maniobra denunciada como dolosa y en la cual están involucrados ex funcionarios de la incumbencia leonelista.

 Se podrían traer a colación otras relevantes decisiones del presidente Medina que contrastan, a la vez que abochornan, el paso de Mejía y de Fernández por la presidencia del país, mas no podría dejarse de subrayar que en el escándalo que actualmente mantiene a la República en la picota internacional por la sentencia del Tribunal Constitucional que desnacionaliza a cientos de miles de dominicanas de ascendencia haitiana, el  mandatario ha dado muestras claras y fehacientes –aunque paradójicamente de manera diplomática- de que no comparte tal veredicto, lo que contraviene con la postura ferviente de su compañero de partido que la apadrina en su totalidad.