Santiago carece de atractivos
turísticos para ser destino turístico.
Por Humberto Olivieras
![]() |
| Machu-Picchu |
Pero de ahí no se ha pasado; y
de ahí no se ha pasado por dos fundamentales razones: Primero, porque Santiago adolece
de condiciones como para haber motivado a que se desarrollara un segmento
económico del área en cuestión (cluster),
que se dedicara a la promoción correspondiente.
El asunto es simple: No hay
hoteles porque no hay potencial para atraer vacacionistas, y no vienen mayores
vacacionistas porque no tienen nada que buscar aquí. (Inmigrantes nacionales
aparte).
¿En qué emplearía su tiempo de
asueto en Santiago una secretaria u otro tipo de emplead@ norteamericano@, canadiense, alemán@,
argentin@ o colombian@? (Recalcamos lo de empleado, porque el turista que va a
la zona de Puerto Plata y el que pudiera venir aquí es de clase media baja. Los
clase media hacia arriba no se valen de resorts
para sus viajes de ocio.
Si no fuera por el respeto que
nos merecen quienes abogan por un Santiago como destino turístico, diría que
tales acciones, en el plano en que lo
enfocan, resulta risible.Risible, porque se necesita mucho valor o mucha ingenuidad para que se hable de un Santiago turístico, invocando para ello un monumento de carácter simbólico (ornamental), un centro cultural, un edificio multiuso de arquitectura contemporánea (no es el Colón de Buenos Aires), y por último la “hospitalidad santiaguera”. (¡Válgame, Dios!).
Esto recuerda la anécdota del líder sindical mexicano que tuvo la oportunidad de visitar a Europa, y que cuando regresara a su país lo primero que les dijo a sus cuates fue: “Compañeros, callémonos con la mierda esa de como México no hay dos”.
Los sitios mencionados en la capital
del Cibao no son la Torre Eiffel; la Torre de Pizza; el Cristo Redentor de Río; el Museo del Louvre,
del Prado o el Metropolitano; ni la fauna de Costa Rica; ni el Canal de Panamá;
ni las cascadas de Iguazú o los glaciales de Argentina. Y no hay para qué
señalar la Gran Muralla China, ni las pirámides de Egipto ni las aztecas de
México.
Alguien alegaría que muchos otros países no
tienen atracciones semejantes como las mencionadas y que sin embargo son
visitados por elevados números de turistas; de acuerdo, pero esos ´otros´ cuentan
con muchas otras razones basadas en playas, montañas, ciudadelas indígenas
(Machu-Picchu, etc.); parques temáticos
recreativos o de fauna y flora (los Galápagos, etc.), como para atraer al
extranjero que busca recreación singular o ilustración. Incluso de otras plazas
hasta se podría mencionar elementos sugestivos culturales: Argentina, el tango;
Brasil, su famoso carnaval; Guatemala y otros sus ruinas y poblaciones
indígenas.
Pero es que incluso San Juan de
Puerto Rico posee mucho más arqueologías coloniales que el mismo Santo Domingo,
y que como tal son puntos de referencias que concitan vivamente la atención del
visitante foráneo.
¿Entonces, de conformidad con
el planteamiento básico de esta exposición, considerar a Santiago cómo destino
turístico es un fracaso de antemano? No, si el asunto se replantea de una de estas
dos diferentes maneras:
Santiago: como destino turístico de escala; o Santiago, como destino turístico
base de escalas.
La primera fórmula consistiría
en que se estableciera un acuerdo serio y amplio de trabajo entre el sector de
la llamada industria sin chimenea que representa a Puerto Plata, Sosua y
Cabarete con el de Santiago, para que el primero estableciera en sus
itinerarios de distracción para los turistas, la visita de un día, y si es
posible con su noche, a la urbe central.
De esa manera el cluster del Norte les presentaría a sus
clientes un atractivo extra, y la ciudad mediterránea tendría olas de
consumidores para su artesanía, juego en los casinos y otros tipos de consumo.
Pero, además, esos visitantes verían compensado su desplazamiento con las
atracciones singulares, enarboladas repetidamente más arriba.
La segunda fórmula consistiría en que se planteara a Santiago, no como destino turístico por sí mismo (per se), sino como base turística de escalas, de manera tal que se ofertara a la ciudad como centro desde donde se llevarían los turistas a lugares como a Jarabacoa con su altura, sus bellas montañas, sus espectaculares lugares como el Jarabacoa River Club, donde se pudrían bañar en agua de río; y además en ese lugar a la elevada falda con su vista panorámica de la Jamaca de Dios, el templo de los monjes europeos, etc. En esa misma conceptualización al Santo Cerro, en La Vega; a San José de la Mata, e inclusive a bañarse en Monte Cristi y a apreciar el Morro, y así por estilo.
La segunda fórmula consistiría en que se planteara a Santiago, no como destino turístico por sí mismo (per se), sino como base turística de escalas, de manera tal que se ofertara a la ciudad como centro desde donde se llevarían los turistas a lugares como a Jarabacoa con su altura, sus bellas montañas, sus espectaculares lugares como el Jarabacoa River Club, donde se pudrían bañar en agua de río; y además en ese lugar a la elevada falda con su vista panorámica de la Jamaca de Dios, el templo de los monjes europeos, etc. En esa misma conceptualización al Santo Cerro, en La Vega; a San José de la Mata, e inclusive a bañarse en Monte Cristi y a apreciar el Morro, y así por estilo.
Naturalmente que tal plan no
contemplaría desplazar a los visitantes hacia la zona de Puerto Plata; primero,
porque rompería con el esquena, y segundo, porque dado el desarrollo turístico
de aquel litoral, restaría atención e interés de los visitantes por la permanencia en Santiago.
Pensamos que con un
planteamiento como el planteado, se
justificaría desplegar todos los esfuerzos y las inversiones necesarias para
hacer de Santiago un tipo de destino turístico; y además, ya no solo esta
ciudad se beneficiaría con la economía generada por los vacacionistas, sino
también otras partes de la región cibaeña.
Que un plan como ese requiere
de un diseño amplio, profundo y detallado, no caben dudas, pero estamos
hablando de un montaje empresarial que dinamizaría el fomento económico en muchas vertientes de esta parte
del país, cuyas demás particularidades se dejan a la inteligencia de los interesados
en el tema.
Finalmente, Santiago no debe
seguir dándose el lujo de hablar de turismo en ninguno de los sentidos expuestos,
desaprovechando lo que está llamado a ser su principal atracción para el extranjero:
la Fortaleza de San Luis. La única edificación de los tiempos de la colonia que
posee la ciudad, pero que además es una estructura colosal, ubicada en un
promontorio dentro de la misma urbe, y cuyos gruesos y empedrados muros han
sido testigos mudos de una gran parte de la historia política del remoto pasado
de la nación, como de la moderna.
En ella se escribieron páginas
gloriosas de la colonia, de la independencia y en especial de la restauración
de la soberanía nacional; pero también en ella se elaboraron capítulos
tenebrosos con la tortura y muerte de muchos opositores de los gobiernos de
turno hasta hace pocos años, en especial durante la tiranía trujillista. (Este
autor estuvo detenido allí junto con el doctor Antonio –Negro- Veras, después
de ser golpeado por protestar contra el golpe de Estado dado a Juan Bosch, en septiembre
de 1963).
Sin embargo, a pesar de que el
formidable fortín alberga un museo en una de sus alas, también ahí se encuentra
la sede de la Autoridad Metropolitana de Transporte, lo que desvirtúa el
carácter eminentemente histórico del lugar. Por lo tanto urge rescatarlo en su
totalidad, no solamente para recreación
cultural del turista, sino para los propios dominicanos, en particular para los
estudiantes del país que deberían ser llevados en excursiones para los fines
mencionados.













