Danilo se mofa de Leonel y de Hipólito
Por Humberto Olivieras
Quizás no haya otro
calificativo más apropiado que el de ese título para comparar con propiedad la
gestión gubernamental que lleva a cabo el presidente Danilo Medina, con los
estilos y las políticas gubernamentales de Hipólito Mejía y de Leonel Fernández.
La imagen proyectada por Hipólito
Meja mientras era presidente de la República, fue la de un gobernante *de
pueblo* por el estilo sencillo y hasta populachero con que actuaba.
Esa conducta se matizaba con su
vestimenta informal, la que frecuentemente era de chacabana, contrastando con
sus predecesores inmediatos, Joaquín Balaguer y Leonel Fernández, quienes
vestían de traje y corbata aun en visitas al campo.
Asimismo Hipólito subrayaba su
imagen folklórica con ocurrencias pueblerinas y con chistes y anécdotas en sus
reuniones con representantes de distintos sectores de la sociedad, así como
especialmente con la prensa. Incluso en ese tipo de conducta campechana, llegó a
incurrir en vulgaridades que mientras eran celebradas por las masas, recibían
críticas acerbas por los otros estratos de la sociedad.
Pero de ahí no pasaba el agrónomo, de puras informalidades
y chusquerías. No se recuerda que acometiera planes esenciales y
trascendentales para el desarrollo de la nación, o sea un accionar político inédito, una línea auténticamente
original por sus significados económicos y social. ¡Es más, hacedores de
opinión publica amigos suyos llegaron a criticarle que regularmente quisiera
llevar a consenso planes gubernamentales que beneficiaban a la mayoría
civil, pero que podían afectar al
empresariado y a la clase alta del país.
Posiblemente entre las acometidas de mayor importancia en su gestión fue
cuando enfrentó con coraje y decisión los escandalosos fraudes en los bancos
Baninter, el Nacional de Crédito, la Asociación Popular de Ahorros y Créditos y
el Panamericano.
En ese sentido hay que
reconocerle el gran mérito de haber encarcelado y enjuiciado a figuras
sacrosantas de las finanzas dominicanas, incluyendo a amigos personales suyos.
Sin embargo esa loable acción
se equipara a otra muy negativa, cuando gestionó que el Congreso modificara la
Constitución para que le permitiera lanzarse a la reelección, cosa que en
efecto hizo en el 2004, perdiendo de Leonel Fernández del Partido de la
Liberación Dominicana.
En
cuanto a Leonel, hay que echar de ver que durante sus dos últimos períodos de
gobierno, del 2004 al 2012, levantó notables obras de infraestructuras, como
fueron carreteras, puentes y túneles urbanos. También el metro de Santo Domingo. Sin embargo, la
salud y la educación públicas quedaron sumamente rezagadas, a tal nivel que para la primera se
negó a invertir el 4% del presupuesto nacional que la Ley estipula.

Además de eso durante sus dos últimos
gobiernos consecutivos la inseguridad ciudadana llegó a un grado de espanto
general; el tráfico y consumo de drogas
rondó un estado más que escandaloso, en el cual se vieron (y supuestamente
están) comprometidos funcionarios civiles
y altos oficiales de la Policía y las Fuerzas Armadas; y lo peor aún, durante
la gestión comentada la corrupción en la cúpula de la Administración Pública
indujo incluso a que la Embajada de los EE.UU mostrara su alarma en informes
secretos al Departamento de Estado del país del Norte, los cuales fueron divulgados
por Wikileaks.
A todo esto durante su
incumbencia Leonel Fernández adoptó una postura de príncipe del Oriente,
haciéndose rodear de un ambiente fastuoso, de mucha etiqueta y protocolo y
hasta si se quiere de glamur. Muy inusualmente vistió sin saco y corbata en un
país tropical con una temperatura promedio de 90 grados F.
Cuando excepcionalmente “bajaba
a darse un baño de pueblo” en algún barrio, las calles del encuentro eran
previamente pavimentadas, las casas pintadas y en el sitio instaladas fastuosas
carpas blancas. Todo ello bajo el aparataje de tropas policiales y militares en
las aceras y techos adyacentes, lo que proyectaba un ambiente peliculero.
Al lugar visitado en cuestión
iba acompañado por decenas de funcionarios, quienes se desplazaban en
imponentes jeepetas negras (vehículos todoterreno de altos cilindrajes).
Asimismo se le atribuye que viajó tanto al extranjero como al interior de de la
República. En el exterior iba a codearse –en compañía de una numerosa comitiva-
de primeros ministros, presidentes y reyes. Frecuentes salidas que incluyeron
al rey de Jordania, Abdalá II bin al-Hussein; al jeque de Dubai, Maktum bin
Rashid al-Maktun, al Primer Ministro de Israel Benjamín Netanyahu y a otros
mandatarios de la esfera mundial. De los resultados de tales costosos
desplazamientos nunca se ha sabido nada en provecho alguno para el país, salvo
los obtenidos en fondos y acuerdos educativos y culturales con la Fundación
Global Democracia y Desarrollo (Funglode), entidad fabulosa del ex mandatario.
En cambio el proceder de Danilo
Medina contrasta fuertemente con los estilos en esencia y forma de los de
Hipólito Mejía y de Leonel Fernández.
En la forma porque el actual
mandatario mantiene frecuentes contactos con sectores del país de todos los
estratos, muy especialmente con los del ámbito de producción agrícola,
agroindustrial, ganadera, industrial, manufactura, artesanal, etc., así como
con las comunidades socialmente marginadas.
Y en esas ya habituales
interacciones Danilo anda despojado de las pompas protocolares de su predecesor (incluyendo la
silla presidencial que cargaba Leonel para todas partes); viste regularmente de
guayabera o simplemente de camisa; se abraza con gente humilde, ¡y además!
ofrece soluciones inmediata a los problemas económicos que le presentan, esto a
través de préstamos con intereses bajos y un tiempo de gracia. Y en cuanto a comunidades
pobres en situación de emergencia dispone su mejoramiento sin ambages vía
gubernamental.
En estos tipos de tramitaciones,
Hipólito cacareaba mucho más de lo que en esencia hacía, y en cuanto a Leonel Fernández, sencillo,
simplemente se mantenía ajeno a ese tipo
de gestión gubernamental; les dejaba la tarea a sus subalternos, quienes, como es
conocido, actuaban de conformidad con los intereses sociales como personales en
su beneficio. (¿Institucionalidad Vs presidencialismo? En un país como el
nuestro de vida pública atropellada juzguemos por los resultados.
Empero entre otros hechos
trascendentales de Medina está en primer lugar que dispusiera la erogación del
4% del presupuesto nacional para la educación, disposición a la cual se había
negado Fernández hasta con sorna. Medida
esa que venía reclamando con fervor el pueblo ante la situación calamitosa de
ese renglón, tanto por la carencia de plantas físicas para docencia, como para
el logro de una mayor calidad de la enseñanza. (Calidad que mantiene a la RD
entre los últimos lugares de la región).
Incluso desde la campaña
electoral el presidente prometió que se extendería la tanda escolar por todo el
día, de manera que el estudiantado tuviera más tiempo para prepararse, como
para evitar que niños y adolescentes anduvieran vagando por las calles con el
riesgo de ser víctimas o parte de la delincuencia. Es un plan que, entre muchas
otras cosas como queda entendido, implica cuantiosos recursos para el desayuno
y almuerzo de los educandos, y también, como se entenderá, una gran fuente de
trabajo para miles de personas.
Otro hito en la gerencia del
presidente Medina es que dispusiera la revisión y en consecuencia la
modificación del oneroso contrato del Estado con la empresa minera canadiense Barrick
Gold, cosa a la fecha ya lograda y por la cual el país ahora recibe una suma
considerable de millones de dólares.
Como es sabido el convenio
anterior que lesionaba vergonzosamente a la nación en materia financiera, había
sido aprobado por el Congreso y la Administración de Leonel Fernández.
Otro hecho importante de Danilo,
es que haya exigido también la revisión de los contratos por los cuales se les
cedió injustificadamente a particulares los
terrenos del Estado de Bahía de las Águilas en el sur del país. Maniobra denunciada
como dolosa y en la cual están involucrados ex funcionarios de la incumbencia
leonelista.
Se podrían traer a colación otras relevantes
decisiones del presidente Medina que contrastan, a la vez que abochornan, el
paso de Mejía y de Fernández por la presidencia del país, mas no podría dejarse
de subrayar que en el escándalo que actualmente mantiene a la República en
la picota internacional por la sentencia del Tribunal Constitucional que
desnacionaliza a cientos de miles de dominicanas de ascendencia haitiana, el mandatario ha dado muestras claras y
fehacientes –aunque paradójicamente de manera diplomática- de que no comparte tal
veredicto, lo que contraviene con la postura ferviente de su compañero de
partido que la apadrina en su totalidad.